3 de junio de 2014

Mujer desde siempre, por siempre y para siempre...


Vengo del ayer

Vengo desde el ayer
desde el pasado oscuro y olvidado
con las manos atadas por el tiempo
con la boca sellada desde épocas remotas.
Vengo cargada de dolores antiguos,
recogidos por siglos, arrastrando
cadenas largas e indestructibles.
Vengo desde la
oscuridad,
del pozo del
olvido
con el silencio a
cuestas,
con el miedo
ancestral
que ha corroído
mi alma
desde el principio
de los tiempos.
Vengo de ser esclava por milenios,
esclava de maneras diferentes:
sometida al deseo de mi raptor en Persia,
esclavizada en Grecia bajo el poder romano,
convertida en vestal en las tierras de Egipto,
ofrecida a los dioses en ritos milenarios
vendida en el desierto
o canjeada como una mercancía.
Vengo de ser apedreada por adúltera
en las calles de Jerusalén
por una turba de hipócritas,
pecadores de todas las especies
que clamaban al cielo mi castigo.
He sido mutilada en muchos pueblos
para privar mi cuerpo de placeres
y convertida en animal de carga,
trabajadora y paridora de la especie.
Me han violado
sin límite
en todos los
rincones del
planeta
sin que cuente mi
edad madura o
tierna
o importe mi color
o mi estatura
Debí servir ayer
a los señores,
prestarme a sus
deseos,
entregarme,
donarme,
destruirme,
olvidarme de
ser una entre
miles
He sido barragana de un señor en Castilla,
esposa de un marqués
y concubina de un comerciante griego,
prostituta en Bombay y en Filipinas
y siempre ha sido igual mi tratamiento.
De unos y de otros
siempre esclava,
de unos y de otros
dependiente,
menor de edad en
todos los asuntos,
invisible en la
historia más lejana
y olvidada en la
historia más
reciente
Yo no tuve la luz del alfabeto.
Durante largos siglos
aboné con mis lágrimas
la tierra que debí cultivar
desde mi infancia.
He recorrido el mundo
en millares de vidas
que me han sido entregadas
una a una .
Y he
conocido
a todos los
hombres
del planeta.
Los
grandes y
pequeños,
los bravos
y cobardes,
los viles,
los
honestos,
los buenos,
los
terribles
Mas casi todos llevan
la marca de los tiempos.
Unos manejan vidas
como amos y señores,
asfixian, aprisionan y aniquilan.
Otros dejan almas
comercian con ideas,
asustan o seducen,
manipulan y oprimen.
Yo los conozco a todos,
estuve cerca de unos y de otros,
sirviendo cada día,
recogiendo migajas,
bajando la cerviz a cada paso,
cumpliendo con mi karma.
He recorrido todos los caminos
he arañado paredes y ensayado silencios
tratando de cumplir con el mandato
de ser como ellos quieren
mas no lo he conseguido.
Jamás se permitió que yo escogiera
el rumbo de mi vida.
He caminado siempre en una disyuntiva
ser santa o prostituta.
He conocido
el odio de los
inquisidores
que a
nombre de la
santa madre
iglesia
condenaron
mi cuerpo a
su servicio
y a las
infames
llamas de la
hoguera
Me han llamado
de múltiples
maneras:
bruja, loca,
adivina,
pervertida,
aliada de satán,
esclava de la
carne,
seductora,
ninfómana,
culpable de los
males de la
tierra
Pero seguí viviendo, arando,
cosechando, cosiendo,
construyendo, cocinando, tejiendo,
curando, protegiendo, pariendo,
criando, amamantando, cuidando
y sobre todo amando
He poblado la
tierra de amos y
de esclavos,
de ricos y
mendigos, de
genios y de
idiotas,
pero todos
tuvieron el
calor de mi
vientre,
mi sangre y su
alimento
y se llevaron un
poco de mi
vida
Logré sobrevivir a la conquista
brutal y despiadada de Castilla
en las tierras de América
pero perdí mis dioses y mi tierra
y mi vientre parió gente mestiza
después que el amo
me tomó por la fuerza.
Y en este continente mancillado
proseguí mi existencia
cargada de dolores cotidianos,
negra y esclava en medio de la hacienda
me vi obligada a recibir al amo
cuantas veces quisiera
sin poder expresar ninguna queja.
Después fui costurera,
campesina,
sirvienta,
labradora,
madre de muchos hijos
miserables,
vendedora ambulante,
curandera,
cuidadora de niños o
de ancianos,
artesana de manos
prodigiosas,
tejedora,
bordadora,
obrera,
maestra,
secretaria,
enfermera
Siempre sirviendo a todos,
convertida en abeja o sementera
cumpliendo las tareas más ingratas
moldeada como cántaro por las manos ajenas.
Y un día me dolí de mis angustias
un día me cansé de mis trajines,
abandoné el desierto y el océano,
bajé de la montaña,
atravesé las selvas y confines
y convertí mi voz dulce y tranquila,
en bocina del viento
en grito universal y enloquecido.
Y convoqué a la viuda, a la casada,
a la mujer del pueblo, a la soltera,
a la madre angustiada, a la fea,
a la recién parida, a la violada,
a la triste, a la callada, a la hermosa,
a la pobre, a la afligida, a la ignorante,
a la fiel, a la engañada, a la prostituida.
Vinieron miles de mujeres juntas
a escuchar mis arengas,
se habló de los dolores milenarios,
de las largas cadenas
que los siglos nos cargaron a cuestas.
Y formamos
con todas
nuestras quejas
un caudaloso
río
que empezó a
recorrer el
universo
ahogando la
injusticia y el
olvido
El mundo se quedó paralizado
los hombres y mujeres no caminaron
se pararon las máquinas, los tornos,
los grandes edificios y las fábricas
ministerios y hoteles, talleres y oficinas,
hospitales y tiendas, hogares y cocinas.
Las mujeres, por fin, lo descubrimos.
¡Somos tan poderosas como ellos
y somos muchas más sobre la tierra!
¡Más que el silencio y más que el sufrimiento!
¡Más que la infamia y más que la miseria!
Que este canto resuene
en las lejanas tierras de
Indochina
en las arenas cálidas del
África,
en Alaska y
América Latina,
llamando a la igualdad
entre los géneros
a construir un mundo
solidario
–distinto, horizontal, sin
poderíos a
conjugar ternura,
paz y vida,
a beber de la ciencia sin
distingos
A derrotar el odio y los prejuicios,
el poder de unos pocos,
las mezquinas fronteras,
a amasar con las manos de ambos sexos
el pan de la existencia.
                          de Jenny Londoño(1992-Quito, Ecuador)

23 de junio de 2012

Definitiva soledad



¿Oyes el mar?
Eternamente estaremos escuchándolo.
Lo llevaremos dentro como la sangre, como la paz
como te llevo a ti misma.
Todo, todo irá acabando: la tristeza, la vida,
la soledad tan grande en que me has dejado.
Sólo el mar, amor mío, el mar sigue existiendo.
Me asomo: lo contemplo desde esta tarde lenta,
desde esta fría y herrumbrosa baranda
adonde no te asomas.



Amor, no estás conmigo. ¿Ves el silencio en torno?
Baja como las olas, 
me roza como el río de tu piel,
se aleja para siempre.
Tú, mar, eterno mar de mi sueño,
sueño ya tú, lejano, irremediable. 


Sólo la tarde existe;
existe y va muriendo. 


Escucha, amor, te voy nombrando
como te nombra el mar. Algún abismo
se quiebra no sé dónde, y este mar que respiro 
                                                                no es el mío


Este mar que era nuestro 
me mira indiferente. Quisiera levantarme 
como un viento tremendo
y sacudir las velas, descerrajar los brazos,
morirme a chorros.
Pero sólo el silencio. Yo, acodado en en el aire, 
contemplo tu recuerdo. 
No hay más que arena.
La ciudad, a lo lejos, se desdibuja. 
Es un humo borroso como el olvido.
Ahora estiro los brazos y te busco. 
Aquí están nuestras rocas. El mar se mira en ellas;  
también te busca. 


Una estrella de mar va acariciando mi sombra: 
mi sombra que, sin la tuya, no es más que un pozo seco. 
Esta tarde es como media vida: la media que me falta. 
                                                La que tú te has llevado.
No, no has venido. 
Eternamente no vendrás. Caerán constelaciones,
se hundirán montes, siglos, tempestades, 
y no vendrás. Y yo estaré mirando 
lo que nos une todavía: el mar.
Un buque remotísimo buscará el horizonte;
pasará una pescador con sus cañas al hombro.
Sólo tú no vendrás. 
No vendrás nunca. 
                                               de José Albi

De ausencias



Mi copa esta vacía esta noche
un viento frío y helado
se cuela por el ventanal
allá muy lejos en el negro cielo
pálida y errante la luna...
De nada
se visten las sombras,
oscuras figuras se alargan
contra la pared.
Sabe amargo y salobre el vacío de mi copa,
se derrama en el pecho
muy hondo,
profundo.
Sangra y desborda la ausencia tallando el cristal,
astillas brillantes desiertas de ti.
La noche se duele, congela el instante,
y tal vez sabiendo que no has de llegar
me cubre en silencio y esconde tenaz
la copa vacía
y mi llanto largo
y este interminable dolor de esperar
que llegues un dia 
a mi copa llenar








Te espero

Aguardo el momento en que vuelvas a mí
espero paciente tu regreso
ya no cuento las horas y los días,
ya no siento el lento transcurrir del tiempo.
Tu ausencia me pone triste
mas estoy segura de que llegaras
Y mientras tanto llega tu ansiado retorno,
mi alma se contenta con saber que existes...
y aquí estoy,
sentada en penumbras
soñando ese instante en que vuelvas a mí


Mentiras

Es mentira lo que digo por ahí
es mentira que no pienso mas en ti
es mentira que en mi vida ya no existes
que a otros amores mi beso entregué
También es mentira todo lo que en esa carta te escribí:
que queme tu recuerdo,
que archivé el amor...
que no quiero verte,
que es mejor que todo se haya terminado.
Miento al ignorar mis noches sin sueño
los ojos cansados intentan hablar,
contar del vacío, del frío en la cama y el hueco en la almohada
Es mentira todo desde que te has ido
mentira y abismo
soledad y mentiras
se han hecho compinches
me acechan, me hieren, me matan de a poco
mintiéndole a todo,
ya no se vivir.